¡ADIÓS A LOS DÍAS MALOS!

Existe cierta “alergia” a los días malos, cómo si sentirse triste, enfadado, ofuscado, rallado, preocupado (o cómo tú quieras llamarlo) fuera malo.

Pienso que hay una tendencia “happy” que nos exige sentirnos felices (el máximo tiempo posible) y que por ende nos culpabiliza cuando algo no nos va bien y nos sentimos mal.

Primero de todo, no os penséis que este post es una oda a la depresión, ni mucho menos. Lo que me  gustaría es que pudierais transformar el adjetivo “malo” de los días malos en días que sencillamente no estamos mega-felices y por tanto a aprender a gestionar estas emociones. Hay quien las etiqueta de negativas,  a mí no me gusta llamarlas así, porque entonces parecería que fueran menos buenas que otras, y lo cierto es que todas tienen su función.

Vamos por partes…

PASO 1: ¡Adiós a los días malos!

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NI BLUE MONDAY NI PINK MONDAY

¿De qué color te sientes hoy?

Hoy es casi imposible que el “Blue Monday”, el día más triste del año, nos pase por alto. Es trending topic, los medios hablan de él, como si tuviera entidad propia, la campaña publicitaria para la agencia de viajes Sky Travel en 2005 sigue teniendo vida.

Son numerosos los artículos que desmienten la ecuación que pronosticaba el día más triste del año. Yo no quiero ser uno más de esos posts, aunque sin duda pienso que tiene poco de cierto y nada de científico. Así es que mi propósito de hoy es doble, vamos allá.

 

PRIMERA CUESTIÓN: LAS ETIQUETAS NOS GENERAN CONFIANZA Y TRANQUILIDAD.

El “Blue Monday” no deja de ser una etiqueta que nos recuerda que existen una serie de variables que juntas conllevan una alta probabilidad de sentirnos de un determinado modo. En este caso hablaríamos de un clima frío, cierto nivel de deuda tras las compras navideñas y las rebajas (la cuesta de enero), el tiempo pasado desde Navidad, el tiempo en el que fracasan nuestros propósitos de año nuevo y la motivación; y todo junto nos hace tener más probabilidad para sentirnos tristes.

Saber que existen estos factores nos genera tranquilidad, a la vez que nos ayuda a entender el porqué de un determinado estado de ánimo. Ahora bien, es importante no tomar las etiquetas como dogmas, como resultados inamovibles y de los que no podemos hacer nada para que cambien.

Cuando encontramos algo que define lo que sentimos y que nos explica lo que estamos pasando, nos sentimos más tranquilos, cuando lo que nos sucede tiene un porqué nos hace sentir menos “bichos raros” y esto nos genera seguridad.

Sí, está genial saber el porqué, y ponerle el nombre correcto a lo que nos pasa, pero ojo con “encariñarse” con la etiqueta. Toda etiqueta tiene la capacidad de ser transformada si así lo escoge cada persona. Y a partir de este punto es cuando podemos pasar a la segunda cuestión que os planteo.

 

SEGUNDA CUESTIÓN: Blue, Pink, Green… Cualquier color está bien. ¿De qué color te sientes hoy?

Cuando leía los diferentes artículos que hablaban sobre el Blue Monday, me encontraba con defensores y detractores. Como si estuviera bien o mal esto de tener un día triste. Ni es bueno encariñarse con la tristeza, ni tampoco lo es el hiperpositivismo. Existen tantos colores con estados emocionales, y sólo uno mismo puede saber de qué color es su día. Seguramente no me equivoco si pienso que a muchos os gustaría que hoy fuera un Pink Monday, pero que ese fuera vuestro color/día ideal, no significa que sea el que sintáis. Por eso la primera pregunta que necesitáis haceros es: ¿De qué color te sientes hoy? Y sencillamente permítete el color que sea, con amabilidad hacia ti mismo, con aceptación y con la intención de si deseas cambiar de color, haz lo que puedas para transformarlo.

 

Te propongo algunas preguntas para ayudarte a poner color a tu lunes.

  1. ¿De qué color te sientes hoy?
  2. ¿Te está bien el color que sientes? Si la respuesta es afirmativa, disfrútalo, si es negativa sigue con la siguiente pregunta.
  3. ¿Qué color necesitas para sentirte mejor?
  4. ¿Puedes hacer algo hoy para cambiarlo? Si la respuesta es negativa, acepta con amabilidad que hoy va a ser un día triste, si la respuesta es afirmativa sigue con la siguiente pregunta.
  5. Escribe una acción (por muy pequeña que sea) que podrías hacer para cambiar de color tu día. Cuando tengas una, piensa un poco más y ves a por la segunda.

 

Y ahora sí, ya tienes todo lo necesario para vivir tú lunes del color que sientas, y quieras (si puedes cambiarlo).

¡FELIZ LUNES!


¿SE PUEDE AMAR A DOS PERSONAS A LA VEZ?

Esta es una pregunta que me hacen habitualmente los pacientes en consulta. Tienen una relación de pareja estable, con quién comparten un proyecto de vida, se divierten, quieren y en algún momento de la relación aparece otra persona en sus vidas, alguien que “les atrapa” y no pueden dejar de pensar. Me preguntan si es normal amar a dos personas a la vez, porque sienten que se están volviendo locos, y que no saben qué opción deben elegir.

Como seres humanos, todos tenemos la capacidad de querer a más de una persona a la vez, sin embargo éste no es un post sobre las relaciones poliamorosas, esas en las que existe un pacto de “no exclusividad” y por tanto permiten abiertamente establecer varios vínculos afectivos de intimidad a la vez.

Por el contrario hoy os quiero hablar de qué ocurre cuando una persona se siente en la cuerda floja, ama, quiere o desea a dos personas, necesita tomar una decisión porque está empezando a sufrir y no sabe qué ni cómo hacerlo.

En principio la lógica funciona así: Si aparentemente uno tiene todo lo que necesita en casa, no tiene ninguna necesidad de buscarlo en ningún otro sitio, suponiendo pues que existe la relación perfecta que te vacune contra la pasión de explorar.

Vamos a ver cuánto de lógica hay en la vida real. Primero quiero diferenciar dos de los protagonistas de ésta triada amorosa: el Amor y el Deseo. Cuando aparece una nueva persona en la vida de alguien que está en pareja suele sentir en primer lugar una atracción física. Si decide investigar en ella, dejarse llevar por la novedad, puede ocurrir que al quedar más con ésta nueva persona sienta que se compenetran, que se entienden y que cada vez le gusta más, llegándose a enamorar. Sin embargo, sin nos vamos a la relación de pareja estable, lo que les une es el amor, un sentimiento que genera confianza, pertenencia, tranquilidad, deseo de compartir, cuidar y dejarse cuidar. Cómo veis dos sentimientos muy diferentes.

La posibilidad de sentir atracción por otras personas fuera de la relación va a estar siempre, y cada vez que aparezca la posibilidad aparece la necesidad de escoger. Y es aquí donde entra el conflicto de la persona. En función del momento en el que se encuentre la relación de pareja o del momento vital de la persona, las necesidades van a variar, decantando la balanza de ambas opciones hacia un lugar u otro.

Mi objetivo no es juzgar ninguna de las opciones, como psicóloga no podría ayudar a mis pacientes dando cómo más válida una de las dos posibilidades, pienso que lo que la persona necesita es darse cuenta de “su verdad”.

Escribo entre comillas porque cuando la emoción es tan intensa y ésta se mezcla con la polaridad de los valores, escucharse suele resultar muy difícil y confuso a la vez.

Decidir lleva implícito una renuncia. La cabeza no va a parar de cuestionar ambas opciones hasta que se tome una decisión y el comportamiento sea consecuente con la decisión.

“Si escojo a mi pareja puede ser que no vuelva a enamorarme nunca más”, “si es enamoramiento, se irá, por tanto mejor seguir con mi pareja que la quiero y la conozco”, “cada vez me gusta más, tengo miedo a enamorarme”, “tengo una relación perfecta, es buena persona, me quiere, me lo paso bien con él/ella, mejor no complicarme”, “lo que siento por él/ella no lo había sentido por nadie”, “hacía mucho tiempo que no me sentía así de vivo/a, ¿ y si me arriesgo?”.

Estos son algunos de los pensamientos habituales que me expresan quienes se han encontrado en la situación de escoger entre dos persones a quienes quieren y desean, pero de manera diferente.

¿CÓMO SE PUEDE RESOLVER ESTE DILEMA?

  1. Mira más allá de los dos hombres o de las dos mujeres que hay ahora en tu cabeza. Qué le pasa a tu vida y a tu relación de pareja. Seguramente tu relación de pareja no es tan ideal como te dices (lo cierto es que las personas somos “autoengañadoras” profesionales), afronta, comunica e intenta resolverlo. O quizás hay algo en tu vida que necesita ser cambiado y no te atreves a hacerlo.
  2. No resuelvas nunca el dilema moralmente. Sé que es una gran presión querer hacer las cosas bien, que engañar no es correcto, pero ¿engañarte a ti está mejor? La solución no está en lo que está bien o mal. Según la moralidad de cada persona este paso puede resultar más difícil pero es necesario para encontrar “tu verdad”.
  3. Sal del cuento de hadas. El amor romántico es muy bonito, y los cuentos de hadas historias fantásticas. Puede ser que sea una gran historia de amor, a mi me encantan las historias de amor. Pero para resolver el dilema necesitas salir de este ideal romántico para pensar que quieres: quieres arriesgarte y empezar una nueva historia, ¡Hazlo!, quieres centrarte en tu pareja y reconstruir vuestra relación, ¡Hazlo!

Estar en la duda, entre dos aguas, es una situación que genera sufrimiento y preocupación. Desafortunadamente el amor no es el antídoto que lo cura todo. Al menos no el amor entendido de manera “romántica”.

Uno de los grandes aprendizajes de la vida es aprender a vivir en la dualidad. Aprender a decidir lo que realmente queremos, deseamos o necesitamos no es tarea fácil, y menos cuando implica hacer daño a una tercera persona. Por eso pienso que lo valiente en la vida es aprender a ser sincero con uno mismo y expresarlo al otro. Aceptando que la otra persona se puede sentir dañada, pero nunca, escogiendo para evitar que los demás se lastimen, o desaprueben la propia elección.

Decide ser fiel contigo mismo, para después tomar la decisión que quieras tomar. El valiente es aquel que se arriesga a vivir, a cuestionar lo que no funciona, a resolver y no posponer. Es igual de valiente el que escoge dejarse llevar por una aventura, que el que se atreve a reconstruir su relación de nuevo. ¡Tú decides que tipo de valentía necesitas practicar ahora!


SÍNTOMAS DE ANSIEDAD

CUANDO EL MIEDO NO TE DEJA VER.

Imaginaros que os proponen el siguiente EXPERIMENTO:

¿Debéis pasar un día entero con una venda translúcida en vuestros ojos? A lo largo de este día, no podéis dejar de hacer nada de lo que haríais en vuestra rutina habitual. ¿Cómo os sentiríais? ¿Cómo interpretaríais vuestras capacidades? ¿Actuaríais igual que cualquier otro día?


Pues algo parecido es lo que les sucede a las personas que viven con ansiedad. La ansiedad es la respuesta de nuestro organismo ante una situación amenazante o peligrosa. Ésta es una respuesta adaptativa, la necesitamos para sobrevivir, sin embargo, el problema viene cuando se activa nuestro cuerpo ante situaciones que no son peligrosas para nuestra supervivencia, pero que sin saber cómo, desde cuándo o por qué, el cerebro las interpreta cómo amenazantes.
Pero, si es el cerebro el que se “equivoca” al interpretar situaciones que realmente no son peligrosas, ¿los síntomas de ansiedad son reales? La respuesta es un sí rotundo. Cuando el cuerpo se expresa, lo que siente la persona es real. En consulta mis pacientes me intentan convencer de que realmente sufren, que lo que sienten es cierto, que no se lo están inventando. Se tiende a pensar que si uno no tiene una enfermedad médica, no tiene porqué tener ningún síntoma físico. Yo siempre les digo que a mí no me tienen que convencer, yo ya les creo, que a quién tienen que convencer es a ellos mismos. ¿Cómo? Me suelen preguntar. Muy fácil, aceptando que tu cuerpo se expresa ante falsas alarmas y dejando de luchar en contra. Lo sé, he dicho que era fácil, y no lo es. Pero sí es el camino para empezar a vencer el miedo.

Así vive una persona con ansiedad:

 

Lo cubre una “capa protectora”, por lo que cualquier situación es vivida a través de ella. Es la primera capa que debe ser atravesada para cualquier pequeña situación o comportamiento.

Ejemplo: Imaginaros la siguiente situación: Una persona tiene que dirigir una reunión de trabajo.

 

¿Qué piensas que va a pasar?

Con estos síntomas no voy a poder explicarme bien y pensaran que no soy un buen profesional.

¿Cómo te sientes?

Muy nervioso, con miedo, tenso, intranquilo.

¿Cómo actúas?

Primero intento posponer la reunión. En caso de que no lo consiga, estoy muy pendiente de mis síntomas para que los demás no se den cuenta.

Y es de ésta manera cómo los síntomas persistirán, y la “capa protectora” cada vez se hará más fuerte.

5 pasos para empezar a desactivar la alarma de tu cerebro:

  1. Acepta que ahora tienes ansiedad.

    Lo sé, no te gusta y molesta mucho, pero deja de luchar en contra y acéptala.

  2. Deja de interpretar toda tu vida a través de la ansiedad.

    Fíjate en lo que realmente pasa.

  3. No mimes tu ansiedad.

    Fíjate que haces por ella, cómo por ejemplo, ir acompañado por si a caso se dispara, sentarte cerca de una salida de emergencia, no arriesgarte en el trabajo, hacer siempre la misma rutina…

  4. Deja de posponer y ponte en marcha.

    Sé que empezarás a hacer las cosas con miedo, con inseguridad y de la mano de los síntomas, pero si persistes y sigues así, la ansiedad poco a poco se irá.

  5. Atrévete, atrévete y atrévete.

    Sé que no es fácil, que tu cabeza te dice que no puedes, tu corazón está acelerado y tus piernas paralizadas y tensas, pero si a pesar de todo te mueves y avanzas, la recompensa será muy buena.

Éste es el primer paso para vencer la ansiedad. Aunque cómo todo en psicología, nada sucede porque sí. Ahora ya te dejo en tus manos la responsabilidad de darte cuenta que te ha sucedido para que tu cuerpo haya necesitado gritar cuando tú no lo podías escuchar.