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¡ADIÓS A LOS DÍAS MALOS!

Existe cierta “alergia” a los días malos, cómo si sentirse triste, enfadado, ofuscado, rallado, preocupado (o cómo tú quieras llamarlo) fuera malo.

Pienso que hay una tendencia “happy” que nos exige sentirnos felices (el máximo tiempo posible) y que por ende nos culpabiliza cuando algo no nos va bien y nos sentimos mal.

Primero de todo, no os penséis que este post es una oda a la depresión, ni mucho menos. Lo que me  gustaría es que pudierais transformar el adjetivo “malo” de los días malos en días que sencillamente no estamos mega-felices y por tanto a aprender a gestionar estas emociones. Hay quien las etiqueta de negativas,  a mí no me gusta llamarlas así, porque entonces parecería que fueran menos buenas que otras, y lo cierto es que todas tienen su función.

Vamos por partes…

PASO 1: ¡Adiós a los días malos!

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SÍNTOMAS DE ANSIEDAD

CUANDO EL MIEDO NO TE DEJA VER.

Imaginaros que os proponen el siguiente EXPERIMENTO:

¿Debéis pasar un día entero con una venda translúcida en vuestros ojos? A lo largo de este día, no podéis dejar de hacer nada de lo que haríais en vuestra rutina habitual. ¿Cómo os sentiríais? ¿Cómo interpretaríais vuestras capacidades? ¿Actuaríais igual que cualquier otro día?


Pues algo parecido es lo que les sucede a las personas que viven con ansiedad. La ansiedad es la respuesta de nuestro organismo ante una situación amenazante o peligrosa. Ésta es una respuesta adaptativa, la necesitamos para sobrevivir, sin embargo, el problema viene cuando se activa nuestro cuerpo ante situaciones que no son peligrosas para nuestra supervivencia, pero que sin saber cómo, desde cuándo o por qué, el cerebro las interpreta cómo amenazantes.
Pero, si es el cerebro el que se “equivoca” al interpretar situaciones que realmente no son peligrosas, ¿los síntomas de ansiedad son reales? La respuesta es un sí rotundo. Cuando el cuerpo se expresa, lo que siente la persona es real. En consulta mis pacientes me intentan convencer de que realmente sufren, que lo que sienten es cierto, que no se lo están inventando. Se tiende a pensar que si uno no tiene una enfermedad médica, no tiene porqué tener ningún síntoma físico. Yo siempre les digo que a mí no me tienen que convencer, yo ya les creo, que a quién tienen que convencer es a ellos mismos. ¿Cómo? Me suelen preguntar. Muy fácil, aceptando que tu cuerpo se expresa ante falsas alarmas y dejando de luchar en contra. Lo sé, he dicho que era fácil, y no lo es. Pero sí es el camino para empezar a vencer el miedo.

Así vive una persona con ansiedad:

 

Lo cubre una “capa protectora”, por lo que cualquier situación es vivida a través de ella. Es la primera capa que debe ser atravesada para cualquier pequeña situación o comportamiento.

Ejemplo: Imaginaros la siguiente situación: Una persona tiene que dirigir una reunión de trabajo.

 

¿Qué piensas que va a pasar?

Con estos síntomas no voy a poder explicarme bien y pensaran que no soy un buen profesional.

¿Cómo te sientes?

Muy nervioso, con miedo, tenso, intranquilo.

¿Cómo actúas?

Primero intento posponer la reunión. En caso de que no lo consiga, estoy muy pendiente de mis síntomas para que los demás no se den cuenta.

Y es de ésta manera cómo los síntomas persistirán, y la “capa protectora” cada vez se hará más fuerte.

5 pasos para empezar a desactivar la alarma de tu cerebro:

  1. Acepta que ahora tienes ansiedad.

    Lo sé, no te gusta y molesta mucho, pero deja de luchar en contra y acéptala.

  2. Deja de interpretar toda tu vida a través de la ansiedad.

    Fíjate en lo que realmente pasa.

  3. No mimes tu ansiedad.

    Fíjate que haces por ella, cómo por ejemplo, ir acompañado por si a caso se dispara, sentarte cerca de una salida de emergencia, no arriesgarte en el trabajo, hacer siempre la misma rutina…

  4. Deja de posponer y ponte en marcha.

    Sé que empezarás a hacer las cosas con miedo, con inseguridad y de la mano de los síntomas, pero si persistes y sigues así, la ansiedad poco a poco se irá.

  5. Atrévete, atrévete y atrévete.

    Sé que no es fácil, que tu cabeza te dice que no puedes, tu corazón está acelerado y tus piernas paralizadas y tensas, pero si a pesar de todo te mueves y avanzas, la recompensa será muy buena.

Éste es el primer paso para vencer la ansiedad. Aunque cómo todo en psicología, nada sucede porque sí. Ahora ya te dejo en tus manos la responsabilidad de darte cuenta que te ha sucedido para que tu cuerpo haya necesitado gritar cuando tú no lo podías escuchar.