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“NO SÉ SI QUIERO A MI PAREJA PORQUE ME IMAGINO CÓMO SERÍA CON OTRAS PERSONAS.”

Lo quiero y tengo claro que es el hombre de mi vida, si es que existe tal hombre sé que al menos ahora lo escojo a él. Nos lo pasamos bien juntos, me río con él, también nos enfadamos de vez en cuando. Me gusta compartir mi vida con él y pensar en un futuro juntos, pienso en formar una familia y la veo junto a él, pienso en nuestras próximas vacaciones y quiero planificarlas con él. Pero por otro lado, pienso en otros hombres, en si estoy escogiendo al acertado, en si en el fondo me conformo porque es lo fácil y lo cómodo pero no estoy enamorada de verdad. A veces, mientras tomo un café en una terraza y se sienta un chico a mi lado, al escucharlo lo veo más afín a mí, y me imagino que con él sería más feliz. Incluso cuando estoy en casa con Andrés, los dos tumbados en el sofá, me imagino cómo sería estar con otra persona, alguien diferente, quizás más alocado, o espontáneo, o quizás más tranquilo y centrado, y pienso en mi y en ese chico juntos (tiene la mirada perdida, y sonríe mientras me relata sus historias). Pero después (su rostro se vuelvo más serio, muestra preocupación y me mira fijamente), me empiezo a agobiar, “pero ¿por qué pienso en otros hombres si yo quiero al mío?”, “¿me estaré volviendo loca?”, “¿tengo un problema en mi relación?” o simplemente no sé lo qué quiero.

Este es un pequeño relato de las conversaciones que teníamos con Sofía en terapia. Ella era una chica de 35 años, llevaba 4 años junto a su actual pareja, y tenía miedo de estar equivocándose, de no saber si escogía al hombre acertado.

El miedo se expresa de muchas formas, y nos hace creer una historia que no es cierta, que no está pasando. Esto nos lleva a crear en nuestra cabeza historias (más o menos terroríficas) de lo que no queremos que pase bajo ninguna circunstancia (pero que como casi todo en la vida, es posible).

¿Y qué pasa cuando estando en pareja tu mente se va a otros escenarios más o menos idílicos, pero en el fondo ficticios?

Pues que infravaloras lo que realmente existe, tu relación de pareja real.
Las fantasías (esas historia imaginarias que crea tu mente) funcionan como mecanismos de defensa (te protegen), son estrategias para huir (virtualmente) de la realidad. Y hay personas que son unas expertas en contarse grandes historias, con todo lujo de detalle, tanto… que viven vidas paralelas en su cabeza.

Mientras tengas el “Play” en tu cabeza, no podrás ver la película real que vives y decidir si esta película, tu vida, sin reyes ni reinas, sin sapos ni princesas, es la que quieres vivir o necesitas hacer algún cambio (o arreglo) en ella. Y ahí está el quid de la cuestión, esta es la dificultad real, ver los problemas sin escaparte, y como adulto/a tomar las riendas y afrontarlos.

Así es que si eres de los que te cuentas cuentos a menudo, y esto te hace dudar sobre si quieres o no a tu pareja, te propongo lo siguiente.

5 PASOS PARA NO CONTARTE HISTORIAS Y VIVIR TU VIDA REAL (que no está nada mal si aprendes a vivirla con consciencia):

  1. No se trata de buscar al chico/a ideal, a la pareja que cumpla todos los “tics” de tu lista de “must be”. Se trata de ver y valorar a la pareja que escoges. Haz una lista de todas las cosas que te aporta tu pareja actual, y valora si son importantes para ti, si es así, sencillamente ¡disfrútalas!
  2. Está bien ser un cuenta-cuentos, y cómo tienes ese talento innato úsalo a tu favor. Coge una libreta y un bolígrafo y escribe tu historia real. Así serás más consciente de lo que vives y te ayudará a tomar decisiones más acertadas para ti.
  3. Fíjate cuando tu mente vuela hacia otros mundos: es cuando discutes con tu pareja, cuando tienes un mal día o estás de bajón, o quizás cuando estás aburrido. Este punto es súper importante porque te darás cuenta de qué te estás escapando, qué problema te cuesta hacer frente y solucionar, y podrás empezar a resolverlo.
  4. Ya te has hecho mayor, así es que ha llegado el momento de responder cómo adulto. Resuelve el problema o el conflicto real. Tu pareja te va a seguir queriendo. De hecho es uno de los mejores actos de amor que puedes hacer, por ti y para él/ella.
  5. A medida que vayas construyendo tu novela real, irás descubriendo nuevos detalles que no habías percibido. Te darás cuenta de lo que realmente quieres, de lo que te molesta y aprenderás a comunicarlo, aprenderás a cuidarte y a pedir cómo necesites que te cuiden. En definitiva serás el protagonista de tu vida y junto con tu pareja construiréis vuestra historia, una bonita historia (con sus baches, stops en el camino y alguna que otra montaña rusa), lo siento, pero la vida en pareja no es un cuento de hadas, pero no te asustes que tampoco es una tortura china.

Te animo a que descubras cómo es realmente tu relación de pareja, sin compararla con la que creas que debería ser. Así y sólo así descubrirás lo bonito que es compartir la vida con alguien y decidirás cómo tú quieres compartirla.

Existen infinidad de parejas posibles, sé valiente, sé diferente, sé tú mismo y junto a tu pareja formad vuestra relación ideal (en formato real).

¿SE PUEDE AMAR A DOS PERSONAS A LA VEZ?

Esta es una pregunta que me hacen habitualmente los pacientes en consulta. Tienen una relación de pareja estable, con quién comparten un proyecto de vida, se divierten, quieren y en algún momento de la relación aparece otra persona en sus vidas, alguien que “les atrapa” y no pueden dejar de pensar. Me preguntan si es normal amar a dos personas a la vez, porque sienten que se están volviendo locos, y que no saben qué opción deben elegir.

Como seres humanos, todos tenemos la capacidad de querer a más de una persona a la vez, sin embargo éste no es un post sobre las relaciones poliamorosas, esas en las que existe un pacto de “no exclusividad” y por tanto permiten abiertamente establecer varios vínculos afectivos de intimidad a la vez.

Por el contrario hoy os quiero hablar de qué ocurre cuando una persona se siente en la cuerda floja, ama, quiere o desea a dos personas, necesita tomar una decisión porque está empezando a sufrir y no sabe qué ni cómo hacerlo.

En principio la lógica funciona así: Si aparentemente uno tiene todo lo que necesita en casa, no tiene ninguna necesidad de buscarlo en ningún otro sitio, suponiendo pues que existe la relación perfecta que te vacune contra la pasión de explorar.

Vamos a ver cuánto de lógica hay en la vida real. Primero quiero diferenciar dos de los protagonistas de ésta triada amorosa: el Amor y el Deseo. Cuando aparece una nueva persona en la vida de alguien que está en pareja suele sentir en primer lugar una atracción física. Si decide investigar en ella, dejarse llevar por la novedad, puede ocurrir que al quedar más con ésta nueva persona sienta que se compenetran, que se entienden y que cada vez le gusta más, llegándose a enamorar. Sin embargo, sin nos vamos a la relación de pareja estable, lo que les une es el amor, un sentimiento que genera confianza, pertenencia, tranquilidad, deseo de compartir, cuidar y dejarse cuidar. Cómo veis dos sentimientos muy diferentes.

La posibilidad de sentir atracción por otras personas fuera de la relación va a estar siempre, y cada vez que aparezca la posibilidad aparece la necesidad de escoger. Y es aquí donde entra el conflicto de la persona. En función del momento en el que se encuentre la relación de pareja o del momento vital de la persona, las necesidades van a variar, decantando la balanza de ambas opciones hacia un lugar u otro.

Mi objetivo no es juzgar ninguna de las opciones, como psicóloga no podría ayudar a mis pacientes dando cómo más válida una de las dos posibilidades, pienso que lo que la persona necesita es darse cuenta de “su verdad”.

Escribo entre comillas porque cuando la emoción es tan intensa y ésta se mezcla con la polaridad de los valores, escucharse suele resultar muy difícil y confuso a la vez.

Decidir lleva implícito una renuncia. La cabeza no va a parar de cuestionar ambas opciones hasta que se tome una decisión y el comportamiento sea consecuente con la decisión.

“Si escojo a mi pareja puede ser que no vuelva a enamorarme nunca más”, “si es enamoramiento, se irá, por tanto mejor seguir con mi pareja que la quiero y la conozco”, “cada vez me gusta más, tengo miedo a enamorarme”, “tengo una relación perfecta, es buena persona, me quiere, me lo paso bien con él/ella, mejor no complicarme”, “lo que siento por él/ella no lo había sentido por nadie”, “hacía mucho tiempo que no me sentía así de vivo/a, ¿ y si me arriesgo?”.

Estos son algunos de los pensamientos habituales que me expresan quienes se han encontrado en la situación de escoger entre dos persones a quienes quieren y desean, pero de manera diferente.

¿CÓMO SE PUEDE RESOLVER ESTE DILEMA?

  1. Mira más allá de los dos hombres o de las dos mujeres que hay ahora en tu cabeza. Qué le pasa a tu vida y a tu relación de pareja. Seguramente tu relación de pareja no es tan ideal como te dices (lo cierto es que las personas somos “autoengañadoras” profesionales), afronta, comunica e intenta resolverlo. O quizás hay algo en tu vida que necesita ser cambiado y no te atreves a hacerlo.
  2. No resuelvas nunca el dilema moralmente. Sé que es una gran presión querer hacer las cosas bien, que engañar no es correcto, pero ¿engañarte a ti está mejor? La solución no está en lo que está bien o mal. Según la moralidad de cada persona este paso puede resultar más difícil pero es necesario para encontrar “tu verdad”.
  3. Sal del cuento de hadas. El amor romántico es muy bonito, y los cuentos de hadas historias fantásticas. Puede ser que sea una gran historia de amor, a mi me encantan las historias de amor. Pero para resolver el dilema necesitas salir de este ideal romántico para pensar que quieres: quieres arriesgarte y empezar una nueva historia, ¡Hazlo!, quieres centrarte en tu pareja y reconstruir vuestra relación, ¡Hazlo!

Estar en la duda, entre dos aguas, es una situación que genera sufrimiento y preocupación. Desafortunadamente el amor no es el antídoto que lo cura todo. Al menos no el amor entendido de manera “romántica”.

Uno de los grandes aprendizajes de la vida es aprender a vivir en la dualidad. Aprender a decidir lo que realmente queremos, deseamos o necesitamos no es tarea fácil, y menos cuando implica hacer daño a una tercera persona. Por eso pienso que lo valiente en la vida es aprender a ser sincero con uno mismo y expresarlo al otro. Aceptando que la otra persona se puede sentir dañada, pero nunca, escogiendo para evitar que los demás se lastimen, o desaprueben la propia elección.

Decide ser fiel contigo mismo, para después tomar la decisión que quieras tomar. El valiente es aquel que se arriesga a vivir, a cuestionar lo que no funciona, a resolver y no posponer. Es igual de valiente el que escoge dejarse llevar por una aventura, que el que se atreve a reconstruir su relación de nuevo. ¡Tú decides que tipo de valentía necesitas practicar ahora!